sábado, 6 de junio de 2009

Tres historias de los clásicos "Cronopios" de Cortázar.

No todos los escritores llegan a adaptarse a la vida en las nubes. La mayoría, de hecho, busca el contacto con el suelo anhelando el con-suelo de unas normas bajo las que regir su enjaulado y temeroso arte. Julios Cortázar no tenía vértigo, vivía a sus anchas en los espacios abiertos y desprotegidos. Por eso su escritura nunca es predecible, ni encorsetada si quiera. Cortázar no anda, vuela sobre la plana realidad y escribe sobre ella con libertad, mirando siempre con sus propias gafas para ver de lejos. Lo que Cortázar ve, no se puede ver pisando el suelo de las palabras que usan los autores terráqueos. Algunos autores, ya han cortado sus alas y pisado sus gafas. Dejad que Cortázar os enseñe cómo se mira desde las nubes.


Vialidad

Un pobre cronopio va en su automóvil y al llegar a una esquina le fallan los frenos y choca contra otro auto. Un vigilante se acerca terriblemente y saca una libreta con tapas azules.

-¿No sabe manejar, usted? -grita el vigilante.

El cronopio lo mira un momento, y luego pregunta:

-¿Usted quién es?

El vigilante se queda duro, echa una ojeada a su uniforme como para convencerse de que no hay error.

-¿Cómo que quién soy? ¿No ve quién soy?

-Yo veo un uniforme de vigilante -explica el cronopio muy afligido-. Usted está dentro del uniforme pero el uniforme no me dice quién es usted.

El vigilante levanta la mano para pegarle, pero en la mano tiene la libreta y en la otra mano el lápiz, de manera que no le pega y se va adelante a copiar el número de la chapa. El cronopio está muy afligido y quisiera no haber chocado, porque ahora le seguirán haciendo preguntas y él no podrá contestarlas ya que no sabe quién se las hace y entre desconocidos uno no puede entenderse. (1952)



Almuerzos

En el restaurante de los cronopios pasan estas cosas, a saber que un fama pide con gran concentración un bife con papas fritas, y se queda deunapieza cuando el cronopio camarero le pregunta cuántas papas fritas quiere.

-¿Cómo cuántas? -vocifera el fama-. ¡Usted me trae papas fritas y se acabó, qué joder!

-Es que aquí las servimos de a siete, treinta y dos, o noventa y ocho -explica el cronopio.

El fama medita un momento, y el resultado de su meditación consiste en decirle al cronopio:

-Vea, mi amigo, váyase al carajo.

Para inmensa sorpresa del fama, el cronopio obedece instantáneamente, es decir que desaparece como si se lo hubiera bebido el viento. Por supuesto el fama no llegará a saber jamás dónde queda el tal carajo, y el cronopio probablemente tampoco, pero en todo caso el almuerzo dista de ser un éxito. (1952-1956)



'Never stop the press'

Un fama trabajaba tanto en el ramo de la yerba mate que-no-le-quedaba-tiempo-

para-nada. Así este fama languidecía por momentos, y alzando-los-ojos-al-cielo exclamaba con frecuencia: "¡Cuán sufro! ¡Soy la víctima del trabajo, y aunque ejemplo de laboriosidad, mi-vida-es-un-martirio!".

Enterado de su congoja, una esperanza que trabajaba de mecanógrafo en el despacho del fama se permitió dirigirse al fama, diciéndole así:

-Buenas salenas fama fama. Si usted incomunicado causa trabajo, yo solución bolsillo izquierdo saco ahora mismo.

El fama, con la amabilidad característica de su raza, frunció las cejas y estiró la mano. ¡Oh milagro! Entre sus dedos quedó enredado el mundo y el fama ya no tuvo motivos para quejarse de su suerte. Todas las mañanas venía la esperanza con una nueva ración de milagro y el fama, instalado en su sillón, recibía una declaración de guerra, y/o una declaración de paz, un buen crimen, una vista escogida del Tirol y/o de Bariloche y/o de Porto Alegre, una novedad en motores, un discurso, una foto de una actriz y/o de un actor, etc. Todo lo cual le costaba diez guitas, que no es mucha plata para comprarse el mundo.

jueves, 4 de junio de 2009

Tu no sabes lo que es el éxito.

- ¿Has sentido alguna vez cómo es que te arranquen el alma, amigo mío? Seguro que tu no sabes qué se siente cuando de pronto se cierra el grifo mientras te estas dando el más extasiante y lujurioso baño de éxito. Sentir el regocijo de las miradas, abrumadas por la simple cercanía de tu presencia. Apuesto a que nunca has sentido el vértigo de esa enormidad y que, por lo tanto, no has sentido el aterrador vacío de la indiferencia, la muerte cruel del ostracismo repentino de quien se sintió el colmo. El éxito es una comida copiosa y el fracaso, el obligado postre, querido amigo, azúcar y veneno deshaciéndote las entrañas.
- Yo no comprendo ese dolor, amigo que acabo de conocer en este bareto infame. Pero te puedo decir que yo solo he conocido el éxito. Tengo reconocimiento, algo de dinero, sexo nada despreciable, pero ¿sabes?, cuando llego a mi casa y mi perro me organiza una fiesta de cariño desbordante, nunca pienso que "Toby" lo hace por codearse conmigo o para invitarme a una copa. Mi perro me pone en mi sitio cada día a lametazos.

miércoles, 27 de mayo de 2009

El pescadero contra la escama: (1) Hay trabajos peores.

- Cuando acabe con los cortes, le arrancaré la cabeza, ¿o prefiere conservarla?, eso sí, partiendole la boca y sacándole los ojos- No se porqué, pero las mujeres siempre dudan un poco más que los hombres. Al final, casi siempre eligen conservar la cabeza. Entonces empuño mi cuchillo y siento cómo la afilada hoja penetra abriendose paso entre la carne con mucha precisión y dejando a su estela pequeños rios de sangre. Me encanta mi trabajo. Y creo que a ellos también les gusta, a tenor de las sonrisas que me devuelven cuando ven sus merluzas perfectamente preparadas.